HAY QUE SER BUENA PERSONA
No hay que ser rico. Ni bien valorado. Ni guapo. Ni extrovertido. Todas estas cosas se pueden ser, pero no es necesario que se sea. El único y fundamental objetivo de la vida, lo único verdaderamente importante, desde mi humilde (pero no necesariamente desdeñable) punto de vista es ser buena persona.
¿Por qué? Se me vienen a la cabeza algunas buenas razones.
Porque vives más tranquilo. Si eres rico pero mala persona (posiblemente tu fortuna te vendrá de haber sido mala persona), vivirás atormentado por el resto de tus días. Habrás acumulado, pero preferirás a la postre ser pobre como un mendigo, pues sabrás que alguien te quiere por quien eres y no por lo que tienes.
Porque ayudas a tus congéneres. Y al ayudarles a ellos, hay una sensación de paz que no se encuentra en ningún otro sitio.
Porque te quitas problemas sobre tí mismo. Si te esfuerzas cada día en ser una buena persona, si esa es tu única motivación, llegará un momento en que todo lo demás te parecerá accesorio. Una vez leí que, cuando le preguntaron al Dalai Lama sobre qué podía decir para consolar a las muchas personas occidentales que tenían problemas de autoestima, él respondió un poco sorprendido: ¿autoestima dice? pero, ¿qué les pasa? ¿cómo pueden no quererse a sí mismos? De la misma forma que nadie se imaginaría a la Madre Teresa de Calcuta sufriendo ante el espejo por no verse hermosa cada mañana que se levantaba, atareada en su misión de ayudar a los niños de Delhi.
Porque cuando tú estés en un mal momento, tendrás confianza en que otras personas te tratarán igual. Ya lo has comprobado en tus propias carnes: en un momento fuiste dador de amor, y ahora lo recibirás, igual que lo diste (gratis lo diste, gratis lo recibirás).
Porque te evitas dilemas. ¿Cuántas veces en la vida no has sabido qué hacer? Si tu criterio es sólo el de ser buena persona, todas las disyuntivas desaparecen, las cosas aparecen más claras que nunca, como si las hubieran retintado con un rotulador.
Así pues, ¡a la tarea se ha dicho!
DEMASIADA GENTE TRISTE
Y eso, ¿por qué? ¿No hay otra forma de vivir la vida más que por la vía de la angustia y el sufrimiento? Claro que sí. Tiene que haberla. ¿Lo intentamos?
lunes, 7 de diciembre de 2015
EL PLACER DE ESCUCHAR AL OTRO
Hoy, como primera entrada de este blog voy a hablar acerca de un placer que está al alcance de todos y cada uno de nosotros: el placer, ni más ni menos, que de escuchar al otro.
Pienso en ello recordando este mediodía, cuando he quedado con una buena amiga y he disfrutado como hacía tiempo no disfrutaba. Luego, me han preguntado ¿y qué has hecho para pasártelo tan bien? Y la sorprendente respuesta ha sido: nada, sólo quedar con una amiga, conversar con ella. Contarle cosas, y, sobre todo, escuchar lo que ella me contaba.
Si estás con alguien, no mires el móvil. No te distraigas. Ni siquiera te dejes llevar por ensoñaciones, por tu mundo interior de pensamientos, divagaciones, planes o preocupaciones.
Intenta escuchar cada palabra que fluye de sus labios, y captar cada gesto de sus manos, cada impresión de su mirada, quizá el gesto fruncido en su ceño o sus cejas arqueadas. Déjate llevar por lo que te transmite, por lo que te dice y por cómo te lo dice. No estés tan preocupado por ti, sino concéntrate exclusivamente en el mensaje que esta persona está elaborando para tí y sólo para ti.
Si te está contando una pena, seguramente te conmoverás con ella.
Si te está contando algo divertido, quizá te reirás con ella.
Si te está reprendiendo, puede que te pongas en su lugar.
Hay personas que cuando les hablas ya están pensando en lo siguiente que van a decir ellas. Que no te moleste, pero procura tú no ser una de ellas. No te ofusques con ellas, sino compadécelas, pues más bien se pierden gran parte de la diversión.
Se ha puesto muy de moda ahora viajar, y con razón, pues es una de las cosas más enriquecedoras que pueden existir... sin duda abre la mente, como se suele decir. Pero no somos conscientes de que escuchando al otro emprendemos un viaje igual de apasionante. Porque cada persona es un mundo regido por leyes diferentes, y escuchar es abrir una puerta a ese mundo e incluso llegar a sentirse que formamos parte de él, cuando nos identificamos con ese otro, y pensamos como ese otro, y comprendemos al otro, aunque no lo compartamos... sobre confrontaciones de ideas, precisamente, versará una próxima entrada.
Hoy, como primera entrada de este blog voy a hablar acerca de un placer que está al alcance de todos y cada uno de nosotros: el placer, ni más ni menos, que de escuchar al otro.
Pienso en ello recordando este mediodía, cuando he quedado con una buena amiga y he disfrutado como hacía tiempo no disfrutaba. Luego, me han preguntado ¿y qué has hecho para pasártelo tan bien? Y la sorprendente respuesta ha sido: nada, sólo quedar con una amiga, conversar con ella. Contarle cosas, y, sobre todo, escuchar lo que ella me contaba.
Si estás con alguien, no mires el móvil. No te distraigas. Ni siquiera te dejes llevar por ensoñaciones, por tu mundo interior de pensamientos, divagaciones, planes o preocupaciones.
Intenta escuchar cada palabra que fluye de sus labios, y captar cada gesto de sus manos, cada impresión de su mirada, quizá el gesto fruncido en su ceño o sus cejas arqueadas. Déjate llevar por lo que te transmite, por lo que te dice y por cómo te lo dice. No estés tan preocupado por ti, sino concéntrate exclusivamente en el mensaje que esta persona está elaborando para tí y sólo para ti.
Si te está contando una pena, seguramente te conmoverás con ella.
Si te está contando algo divertido, quizá te reirás con ella.
Si te está reprendiendo, puede que te pongas en su lugar.
Hay personas que cuando les hablas ya están pensando en lo siguiente que van a decir ellas. Que no te moleste, pero procura tú no ser una de ellas. No te ofusques con ellas, sino compadécelas, pues más bien se pierden gran parte de la diversión.
Se ha puesto muy de moda ahora viajar, y con razón, pues es una de las cosas más enriquecedoras que pueden existir... sin duda abre la mente, como se suele decir. Pero no somos conscientes de que escuchando al otro emprendemos un viaje igual de apasionante. Porque cada persona es un mundo regido por leyes diferentes, y escuchar es abrir una puerta a ese mundo e incluso llegar a sentirse que formamos parte de él, cuando nos identificamos con ese otro, y pensamos como ese otro, y comprendemos al otro, aunque no lo compartamos... sobre confrontaciones de ideas, precisamente, versará una próxima entrada.
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